jueves, 5 de enero de 2017

Un “paseo” entre la historia y el presente



Un “paseo” entre la historia y el presente


por Ariel Hendler

El argentino Matías Frazzi inauguró en Colonia del Sacramento el complejo mix de usos Paseo de la Brecha, que combina arquitectura contemporánea con preservación patrimonial.






El Paseo de la Brecha, proyectada por el arquitecto argentino Matías Frazzi en pleno barrio histórico de Colonia del Sacramento, uruguay, combina arquitectura contemporánea con un cuidado proyecto de conservación de ruinas arqueológicas. Este mix de residencias contemporáneas minimalistas con paseo comercial, inaugurado en los últimos días de 2016, está ubicado a metros del Río de la Plata, sobre dos lotes perpendiculares al unificarse por sus fondos forman una ¨L¨ con salida a dos calles, Virrey Ceballos y Rivadavia; ambas con fuertes pendientes que bajan al río.




Pero, por debajo de la obra nueva, se despliega un verdadero museo arqueológico a cielo abierto que exhibe los restos de la vieja muralla fortificada que protegía a esta ciudad fundada en 1680, escenario de las innumerables guerras de conquista y reconquista entre españoles y portugueses, con sus consecuentes destrucciones y reconstrucciones. También, los restos de antiguas cerámicas, vajillas y aparejos militares: sables y balas de cañon. Para esto, el arquitecto contó con el apoyo de exhaustivos trabajos previos de investigación sobre documentos históricos, cartográficos y arqueológicos, sumado a los cuidadosos trabajos de excavaciones preliminares dentro de los dos terrenos.

En sí misma, la obra nueva consiste en “generar un paseo interno público que atraviesa y unifica un viejo galpón reciclado con una serie de cajas de viviendas al modo de células”, según explica el proyectista. Este programa se vincula en forma directa con el espacio público, al modo de un pasaje peatonal dentro de la manzana “con cierto espíritu medieval”, tal como lo describe el autor. O una “brecha”, según lo define el mismo nombre del complejo. En este recorrido se intercalan y exponen los hallazgos arqueológicos, en general bajo los pies del caminante y protegidos por paneles de vidrio transitable.




A modo de contraste con la riqueza del tesoro patrimonial, el conjunto de viviendas se caracteriza por su volumetria simple: una serie de ¨cajas de hormigón visto de tablas en bruto que se yuxtaponen bajo la forma de un escalonamiento gradual, el cual acompaña orgánicamente las pendientes de las dos calles por las que se ingresa al Paseo. “La superposición de estas cajas van generando llenos y vacíos sobre el paseo peatonal, con contrastes de luces y sombras y diversidad de situaciones espaciales”, explica Frazzi. A su vez, la pendiente generada por los distintos volúmenes crea una serie de aterrazamientos desde los cuales se puede apreciar la vista del río.

Sobre la calle Virrey Ceballos, en tanto, se procedió a poner en valor un galpón industrial con techo a dos aguas, que ahora contiene el programa de uso más público: un paseo peatonal de altura completa, locales comerciales y de gastronomía, respetando la volumetría importante del edificio, con sus altas paredes con contrafuertes de ladrillo visto y sus cabriadas de madera que soportan la cubierta. 




Allí se intercalan también unas cajas vidriadas como entrepisos suspendidos, “que con su movimiento y lenguaje actual enriquecen y dan escala al paseo peatonal”, explica el proyectista. Agrega que la elección de materiales nobles como ladrillos comunes, hormigón en bruto, madera y piedra, “fue una de las premisas para la inserción en la ciudad”.

No menos importante fue el cumplimiento de un estricto Plan de Actuación Arqueológico ante el eventual hallazgo de estructuras patrimoniales en el área afectada a la obra. Cabe destacar que el sitio de intervención corresponde específicamente a la zona de la ciudad donde se ubicaba originalmente el foso exterior de la muralla fortificada que abarcaba toda la línea de defensa de la ciudad hacia el Este. En este sentido, la arqueóloga Jacqueline Geymonat, asesora del proyecto, especifica que justamente el galpón reciclado se encuentra justo sobre los restos de un tramo de dicha muralla y de un portón secundario de entrada a la Plaza Fuerte. Todo esto quedó a la vista bajo el suelo de vidrio transitable.

En concreto, se hallaron estructuras y un contrafuerte de la muralla, con huellas visibles de “episodios de destrucción y de relleno, producto del desmonte de la parte superior de la muralla o de los sucesivos rompimientos cada vez que se tomaba la ciudadela”. El hecho es que ninguna de estas viejas estructuras murarias fue afectada físicamente por la obra nueva: “Cada vez que descubríamos que estábamos tocando las cimentaciones antiguas, el proyecto estructural se reformulaba para preservarlas y, de ser posible, integrarlas al proyecto arquitectónico”, explica Frazzi.

Entre los hallazgos “micro”, en tanto, pueden contarse restos de cerámica portuguesa de los años 1650-1680, así como de cerámica y criolla. También el contacto entre los pobladores originarios y los colonos europeos es testimoniado por el hallazgo de varios utensilios indígenas, como punzones y raspadores tallados en hueso y en vidrio. Gracias a la apertura de este pasaje peatonal en la manzana, todo esto puede apreciarse al caminar por La Brecha, que en rigor fusiona mucho más de lo que separa tanto en la dimensión del tiempo como en la del espacio.










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